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vino, botella y tapón de corcho; una combinación natural perfeccionada por muchas generaciones a lo largo de cuatro siglos

 
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La compañía Trefinos se constituyó en Agosto de 1917 por absorción de Barris y Cia. La operación fue iniciativa del industrial Joan Miquel i Avellí director y propietario de Manufacturas del Corcho SA quien compró y renombró  la centenaria y preeminente casa Barris. De esta forma, la empresa incorporó más de 160 años de historia tapones. En este sentido, Trefinos puede considerarse actualmente, con toda probabilidad, la industria corchera de más larga trayectoria histórica de todo el orbe.

La familia Barris procedía de una masía del pueblo de Montroig, término municipal de Darnius (Girona). Darnius se sitúa en el cetro del Alto Ampurdán montañoso. Antes de 1750 un descendiente de la Casa Barris en busca de medios de vida lejos del hogar campesino originario se estableció en el municipio vecino de Agullana. Cerca de la fronteriza villa de la Junquera. Se trata de uno de los primeros taponeros documentados: en febrero de 1763 la parroquia de Agullana registró en su libro de matrimonios el enlace de Martí Barris i Barris de oficio  “tapier”, tal como solía escribirse en la época en el norte de Cataluña debido a la influencia occitana del sureste francés. 

Unos treinta años después, los Barris, se dirigieron hacia la tierra baja del este y del sur para fijar su residencia y su obrador taponero en la comarca del Bajo Ampurdán, en concreto, en Palafrugell, donde en aquel momento arraigaba con fuerza un activo núcleo de manufactureros y comerciantes de tapones. Muchos de ellos se habían desplazado al sur no sólo por la riqueza alcornocal de la sierra de la zona, sierra de ‘Les Gavarres’, sino por la fácil conexión naval con los puertos de ‘Languedoc’ y ‘Provenza’, principalmente los de Sète y Marsella, a este y oeste del Ródano. El embarque en el Ródano canalizaba con rapidez el transporte de los tapones así como de otras mercancías catalanas, hacia el norte de Francia, Este y Oeste de Europa.

La actividad productiva de Trefinos se centró desde su inicio en la fabricación de tapones grandes (4,5cm de longitud) y de buena calidad, llamados en francés: “très fins”, en catalán: “molt fins”,  destinados a preferentemente al cierre de botellas de vinos espumosos. Estos tapones denominados “trefins”, dieron el nombre, con auténtica precisión, a nuestra empresa: Trefinos. 

El concepto del tapón “trefins” se modificó con el paso del tiempo, al compás de las innovaciones técnicas. De los tapones iniciales de una sola pieza de corcho, llamados tapones enteros, se pasó a los tapones de dos o tres piezas encoladas entre sí, los de cuatro o más piezas con discos en los extremos, y posteriormente a los tapones de aglomerado con arandelas.
Todas estas especialidades eran elaboradas en la fábrica de Trefinos en Palafrugell.

En 1995 la empresa introduce el tapón técnico en el mercado del vino con la marca MAXIUM, formado por un cuerpo de aglomerado de granos de corcho, al que se aplican en los extremos uno o dos discos de corcho natural. Trefinos es uno de los principales productores en el mercado mundial del tapón técnico.

Dos años más tarde, en 1997, se crea Augusta Cork en San Vicente de Alcántara, Badajoz (Extremadura), en la falda de la Sierra de San Pedro, una de las mayores zonas de alcornoque de España. Augusta Cork selecciona rigurosamente la materia prima para su transformación desde corcho crudo a la producción de arandelas, que posteriormente, en Trefinos, formarán parte del tapón técnico elaborado para su distribución en las principales empresas vitivinícolas del mundo.

En el año 2009, el equipo de I+D de Trefinos desarrolla la línea de tapones COMPAC, gama complementaria de tapones micro celulares destinados a vinos tranquilos, vinos espumosos, vinos de aguja, cervezas y licores. En esta nueva línea de productos hemos aportado toda nuestra experiencia y conocimiento sin renunciar a las propiedades intrínsecas del corcho, producto ecológico y natural.


El tapón de corcho

Las primeras referencias datan del 3.000 a.C. en China, donde se utiliza en utensilios de pesca. Egipcios, babilónicos, fenicios o persas también conocen las propiedades del corcho, pero es desde que el hombre comienza a producir vino cuando aparece como el material más apropiado para cerrar los recipientes utilizados para su conservación.

Sin embargo, el aprovechamiento industrial del corcho se dimensiona en el siglo XVIII con la aparición de los recipientes de vidrio para el envasado del vino en pequeñas cantidades, y con la ocurrencia del monje francés Dom Pérignon, que añadió azúcar a los vinos jóvenes de la Champagne para conservar la efervescencia natural.

El éxito del méthode champenoise era pura utopía con los tapones de madera o de cáñamo utilizados hasta entonces, era necesario un material elástico e impermeable que impidiera la pérdida de los gases producidos durante la fermentación, y el tapón de corcho cumplió a la perfección estas exigencias y se convirtió en el guardián perfecto e inseparable del champán y, finalmente, de todos los productos de la industria vitivinícola.


La industria del corcho en Cataluña.

A partir de 1681 se sistematiza la elaboración del champagne y, en consecuencia, la necesidad de tapones de corcho.
Se inicia en la “Occitania” la producción de estos tapones, y pronto traspasa los Pirineos, movida por las grandes extensiones de alcornocal localizadas en “l’Albera y Les Gavarres”.

Las primeras referencias de la actividad corchera en Cataluña se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII y se componen inicialmente de pequeños talleres artesanales y unos primeros comercializadores focalizados primordialmente al mercado francés del vino y el champagne. Ya en estos inicios, la actividad se localiza en las comarcas de la Selva y del Empordà.

Desde los inicios de la manufactura de tapones hasta la mitad del siglo XIX, esta industria presenta pocas innovaciones tecnológicas. Hasta ese momento son taponeros artesanales que trabajan en pequeños obradores y que requieren sólo de un cuchillo y una partida de corcho. Poco a poco se van introduciendo pequeñas máquinas manuales que facilitan algunos trabajos en el proceso de producción de los tapones.

Una importante evolución tiene lugar en los últimos años del siglo XIX, con la Segunda Revolución Industrial, en la que se introducen máquinas movidas por fuerza motriz y que requieren instalaciones más complejas y edificios adaptados a estas nuevas tecnologías. Es un proceso que ya está consolidado en la empresa corchera de países como Alemania, Francia, y que se puede situar en Cataluña a partir de 1880. A partir de este momento, la industria corchera catalana alcanza todo su esplendor coincidiendo también con el estallido de la industria local del cava, que actúa como gran arrastre del sector. El gran volumen de producción de tapones permite alcanzar altos niveles de mecanización y posiciones altamente competitivas.

Cataluña, y más concretamente la región que engloba la alta Selva y Baix Empordà, se convierte a lo largo del primer cuarto del siglo XX en una referencia mundial en la producción de corcho y en su manufactura.
No es hasta la Segunda Guerra Mundial cuando se sufre una crisis en los mercados exteriores que conduce a un progresivo abandono de la explotación corchera y, por tanto, del negocio de la materia prima. Sin embargo, el segmento transformador del corcho consigue a lo largo de las décadas siguientes alcanzar una posición líder en la producción y comercialización a través de la especialización en tapones.

En la actualidad Cataluña cuenta con un sector líder en producción y comercialización de tapones técnicos para vinos espumosos (un 60% de la cuota mundial) y con un posicionamiento alto en tapones naturales para vinos tranquilos.